LÄNGENGRAD
Desde siglos los grandes y orgullosos marineros condujeron sobre los mares. 
Con la ampliación de las colonias de los reinados aumento el problema:
Tripulaciones enteros tuvieron que dejar sus vidas y valores enormes se hundieron en los océanos.
La navegación aun no podía determinar la longitud geográfica y muchas barco/naves
no regresaron a su puerto y fuero victimas del mar.
Una gran ayuda era, determinar suficientemente mediante la posición del sol el grado de la latitud.
Con un reloj exacto habría sido posible comparar el tiempo,
la hora a bordo del barco/nave con la hora del puerto para poder determinar tambien el grado longitud.
Sin embargo, en aquel momento no había un reloj que funcionava tan exacto.
A comienzo del siglo 18, fue puesto en escrito por el parlamento británico “El pacto de la longitud”.
La cantidad premiada en aquel momento ascendería hoy a varios millones de EURO.
Premiado seria aquel, que tendría éxito en la construcción de un reloj capaz de determinar la longitud o
encontrar otra posibilidad de determinar el grado de longitud.
El popular y acertado relojero John Harrison se puso en competencia con el entonces mas famoso astrónomo de la corona inglesa.
John Harrison tuvo éxito y construyo un reloj que iba tan exacto,
que finalmente capitán James Cook se llevo a un recorrido de prueba.
La determinación del grado de longitud había llegado a ser posible ahora.